Mopso
25/11/2006, 01:58 AM
Al igual que una recordada escena de Pulp Fiction, esta xp comienza con una hamburguesa con queso ¡no se alarmen, nadie termina muerto o herido! Los acaeceres posteriores remiten más a las tragicomedias talianas que a la obra de Tarantino.
Se siente uno agigantadamente solo comiendo solo en un local de fast-food, pero la coyuntura del viernes me había depositado en esa miserable situación alrededor de las 23:30. Una vez ingerido el disco de carne, medité sobre otra circunferencia: “¿Habrá algún puterío treinta cuadras a la redonda?” y el mapa mental que nos han trazado estos nocivos foros informó presto sobre una casa de burlesque en las cercanías: Botanik, ese bolichón de esquina cuyo perfil, curiosamente, recuerda a un invernadero.
Rivadavia es ágil a la altura de Villa Luro, no permite al automovilista entrever las fatigas que lo aguardan en los dominios de Nazca y más allá. Un amplio vacío entre dos coches, casi frente a la entrada del breca que nos interesa, terminó de decidirme a efectuarle una visita (mi inhabilidad para el aparcamiento me obliga a intentarlo sólo cuando el espacio para maniobrar oscila en el rango de una vez y tres cuartos el ocasional vehiculo que conduzca). Me apeé del carro, no me esperaban fanfarrias ni salutaciones, un policía inquietaba la esquina. A pesar de la agorera presencia me dirigí resuelto a la puerta de entrada y un billete de $10 se transformó en un papelucho ajado y mal impreso que luego se convertiría en un cilindro harto de cerveza ¡qué curiosa alquimia nos propone la noche!
( - “¿No crees que deberías ocuparte de otras cosa en lugar de esforzarte estúpidamente en una prosa barroca sólo para contar que te garchaste una puta de 50 mangos?
- “¡Ja joder y dejame seguir escribiendo!”)
Un caño erecto en el centro del local que diríase sostiene el techo; fieras desnudas adorándolo como a un falo; hombres sentados y observando con avidez, contenidos lanzallamas aguardando su número; un circo bizarro y oscuro. En las alturas el fantasma de The Modder deliraba en órbitas ochentonas, pero la música sonante era de ese ritmo latino hoy degenerado que no goza del cariño de Forastero.
Comencé a ensayar el arte dialéctico (en el sentido socrático del término), acompañado del reconocimiento táctil de las señoritas (¡ay los piericings del pupo!). A medida que la vista se iba acostumbrando a la semipenumbra y las chicas se sucedían con sus cuerpos y sus historias, una sensación extraña comenzó a filtrarse en mis reflexiones, pero la verdad subyacente era tan extraordinaria que acaso mi mente lógica alcanzó a entreverla, pero se negó a aceptarla, de modo que todo tuvo que ser revelado brutalmente por una de las señoritas: ¡Las noches de Botanik están pobladas por cinco hermanas! Así como leen, toda una década de la progenie femenina de una anónima familia gatea en esta esquina, revisemos esta sacrificada estirpe:
La mayor –cuyo nombre no recuerdo-, suma 29 años, de realizarse una mega partuza familiar, no dudo que ella sería quien lleve en sus hombros –y acaso con sus patitas en otros hombros-, la dirección del evento; así lo demuestra en el salón, es la más activa, recibe a la gente, baila, apura tragos y acaricia chotas todo sin dejar de vigilar a sus hermanas. Pone mucha, quizá demasiada, fuerza en su trabajo, pero lejos está de ser la más agraciada. Hace ya un año que participa del rubro.
Sol tiene 26 años y en verdad aparenta menos. Mi necrófilo amigo Nefro tal vez diría de ella que es “un esqueleto”, concedido ¡pero qué ogt! Otro poeta saludaría semejante manjar diciendo que se ve “sano, muy fuerte y azucarado”, tuve la suerte de palparlo y es hermoso y tentador. Mucho más tímida que su hermana mayor, parece tener numerosos y justificados clientes.
Históricamente la siguiente de las hermanas debería haber convocado mis mayores elogios, pero recientes experiencias en el campo amateur me han generado un rechazo –espero que temporal-, por las pelicortas. Es la más insulsa del quinteto, pero no parece tener mala onda.
Por último tenemos a las joyas de la dinastía: las gemelas, de19 lozanos años y sólo dos escasamente corruptas semanas en el gateo. Alegra el alma ver cómo la familia fue refinando su producción, son bellísimas, ostentan increibles dientes que derrochan calcio; una morocha y la otra teñida de rubio casi platino –Vanesa-, quien fue la elegida para compartir 30 minutos de sexo.
De la xp diremos que estuvo muy bien (terrible hembra), pero que fue menos memorable que el encuentro que acabo de referirles. Los que sueñen con rumbear con las 5 hermanas para el fondo deben saber que las habitaciones lo hacen imposible, tres “parejitas” pareciera ser el máximo habitable (las dos gemelas + Sol Vs. La Logia Santana del Amor sería una interesantísima opción).
$40 los 20 minutos, $50 los 30 y $100 la hora. Cuartos aseados y espejados y excelente onda del personal completan el panorama.
La alarmante situación socieconómica del país que denuncian las líneas anteriores no me ha sido indiferente, si me he perdido en un juego de bromas y recursos de estilo ha sido porque un análisis de semejante calamidad excede mis capacidades y las de esta sección del foro. Sin embargo me gustaría terminar callando mi embobada prosa para transcribir el epígrafe que abre “Guerra y Paz” (Война и мирde) de León Tolstoy. Saludos y abrazos a todos.
“Las familias felices son todas iguales. Las familias infelices, por el contrario, son infelices cada una a su modo”.
M.
Se siente uno agigantadamente solo comiendo solo en un local de fast-food, pero la coyuntura del viernes me había depositado en esa miserable situación alrededor de las 23:30. Una vez ingerido el disco de carne, medité sobre otra circunferencia: “¿Habrá algún puterío treinta cuadras a la redonda?” y el mapa mental que nos han trazado estos nocivos foros informó presto sobre una casa de burlesque en las cercanías: Botanik, ese bolichón de esquina cuyo perfil, curiosamente, recuerda a un invernadero.
Rivadavia es ágil a la altura de Villa Luro, no permite al automovilista entrever las fatigas que lo aguardan en los dominios de Nazca y más allá. Un amplio vacío entre dos coches, casi frente a la entrada del breca que nos interesa, terminó de decidirme a efectuarle una visita (mi inhabilidad para el aparcamiento me obliga a intentarlo sólo cuando el espacio para maniobrar oscila en el rango de una vez y tres cuartos el ocasional vehiculo que conduzca). Me apeé del carro, no me esperaban fanfarrias ni salutaciones, un policía inquietaba la esquina. A pesar de la agorera presencia me dirigí resuelto a la puerta de entrada y un billete de $10 se transformó en un papelucho ajado y mal impreso que luego se convertiría en un cilindro harto de cerveza ¡qué curiosa alquimia nos propone la noche!
( - “¿No crees que deberías ocuparte de otras cosa en lugar de esforzarte estúpidamente en una prosa barroca sólo para contar que te garchaste una puta de 50 mangos?
- “¡Ja joder y dejame seguir escribiendo!”)
Un caño erecto en el centro del local que diríase sostiene el techo; fieras desnudas adorándolo como a un falo; hombres sentados y observando con avidez, contenidos lanzallamas aguardando su número; un circo bizarro y oscuro. En las alturas el fantasma de The Modder deliraba en órbitas ochentonas, pero la música sonante era de ese ritmo latino hoy degenerado que no goza del cariño de Forastero.
Comencé a ensayar el arte dialéctico (en el sentido socrático del término), acompañado del reconocimiento táctil de las señoritas (¡ay los piericings del pupo!). A medida que la vista se iba acostumbrando a la semipenumbra y las chicas se sucedían con sus cuerpos y sus historias, una sensación extraña comenzó a filtrarse en mis reflexiones, pero la verdad subyacente era tan extraordinaria que acaso mi mente lógica alcanzó a entreverla, pero se negó a aceptarla, de modo que todo tuvo que ser revelado brutalmente por una de las señoritas: ¡Las noches de Botanik están pobladas por cinco hermanas! Así como leen, toda una década de la progenie femenina de una anónima familia gatea en esta esquina, revisemos esta sacrificada estirpe:
La mayor –cuyo nombre no recuerdo-, suma 29 años, de realizarse una mega partuza familiar, no dudo que ella sería quien lleve en sus hombros –y acaso con sus patitas en otros hombros-, la dirección del evento; así lo demuestra en el salón, es la más activa, recibe a la gente, baila, apura tragos y acaricia chotas todo sin dejar de vigilar a sus hermanas. Pone mucha, quizá demasiada, fuerza en su trabajo, pero lejos está de ser la más agraciada. Hace ya un año que participa del rubro.
Sol tiene 26 años y en verdad aparenta menos. Mi necrófilo amigo Nefro tal vez diría de ella que es “un esqueleto”, concedido ¡pero qué ogt! Otro poeta saludaría semejante manjar diciendo que se ve “sano, muy fuerte y azucarado”, tuve la suerte de palparlo y es hermoso y tentador. Mucho más tímida que su hermana mayor, parece tener numerosos y justificados clientes.
Históricamente la siguiente de las hermanas debería haber convocado mis mayores elogios, pero recientes experiencias en el campo amateur me han generado un rechazo –espero que temporal-, por las pelicortas. Es la más insulsa del quinteto, pero no parece tener mala onda.
Por último tenemos a las joyas de la dinastía: las gemelas, de19 lozanos años y sólo dos escasamente corruptas semanas en el gateo. Alegra el alma ver cómo la familia fue refinando su producción, son bellísimas, ostentan increibles dientes que derrochan calcio; una morocha y la otra teñida de rubio casi platino –Vanesa-, quien fue la elegida para compartir 30 minutos de sexo.
De la xp diremos que estuvo muy bien (terrible hembra), pero que fue menos memorable que el encuentro que acabo de referirles. Los que sueñen con rumbear con las 5 hermanas para el fondo deben saber que las habitaciones lo hacen imposible, tres “parejitas” pareciera ser el máximo habitable (las dos gemelas + Sol Vs. La Logia Santana del Amor sería una interesantísima opción).
$40 los 20 minutos, $50 los 30 y $100 la hora. Cuartos aseados y espejados y excelente onda del personal completan el panorama.
La alarmante situación socieconómica del país que denuncian las líneas anteriores no me ha sido indiferente, si me he perdido en un juego de bromas y recursos de estilo ha sido porque un análisis de semejante calamidad excede mis capacidades y las de esta sección del foro. Sin embargo me gustaría terminar callando mi embobada prosa para transcribir el epígrafe que abre “Guerra y Paz” (Война и мирde) de León Tolstoy. Saludos y abrazos a todos.
“Las familias felices son todas iguales. Las familias infelices, por el contrario, son infelices cada una a su modo”.
M.