Viejo Golanchik
07/09/2006, 10:16 AM
Capurro, es claramente una incorpórea pero importante presencia en nuestra diaria búsqueda de nuevo talento. También ha sido receptor de sólidas puteadas, por los sabios retoques que hacen que redondeces e irregularidades adquieran tersa textura y juvenil resplandor, lo que hace que a veces se nos venda gallina clueca por gato.
Es responsable también, de capturar con su hábil ojo, el instante en que se deja la grasada y se pasa a la elegancia, asi, de un toque fugaz que su sabia maquina capta instantanea, poderosa y masculina, no se confundan, porque es absolutamente masculina, no solo por su ingente contorno, ineludiblemente fálico, sino porque se colige que el resultado está diseñado también para gustar al publico femenino que seguramente desliza su mirada curiosa en las paginas de Area.
Como algunos saben, me une una incipiente amistad con Serena, amistad basada en una confianza que primeramente se desarrollo en lo profesional, raudamente eventrada a los planos mas personales y oscuros, que me llevaron a sospechar una afición encubierta solo con un breve barniz de pulcra negación, me llevaron a sospechar que esa misma afición podría ser muy bien canalizada en su propio provecho, casi como una salvación, casi como un triunfal retorno a su mas profundo e intrínseco yo.
Por eso, sigilosamente, me aproveche de esa confianza para beneficiarme yo, en algo, ya que mi reciente actividad de recomendador amateur, completamente ad honorem, inclusive desprovisto de derecho a roce gratuito o con descuento, probablemente por una decisión personal mía, para salvaguardar mi alma, mi inocencia y mi candor. No es a esta altura de mi vida que se me va a dar por ochocuarentear ni aprovecharme de nadie. Bastante tengo con mi labor diaria de abogado, bastantes concesiones a la cruda realidad uno debe realizar, meramente por el hecho de que uno no siempre puede estar del lado al que le asiste ni la razón ni la verdad, esto es incontrovertible, pues el abogado que clama estar siempre en posesión de tales preciado valores, mas allá de la declamación abstracta que es, evidentemente miente, pero es una cuestión necesaria para la administración de justicia, como para equilibrar la cosa.
Como relataba, sigilosamente me aproveche de esa relación y me autoinvité, hábilmente, debo confesar, a la sesión de fotos que el insigne Capurro realizaría con mi amiga.
Llegó cargada de bártulos, zalgoloteantes bolsos llenos de zapatos, ropa interior, vestidos, juguetes y cuanta cosa nuestra imaginería fetichista concibe.
Bártulos, estos, generalmente aportados por la vestuarista,
Esplendida, brillosa, la sonrisa fácil y el paso ágil y decidido, desprejuiciada y con hambre de cámara, sube las escaleras que conducen al piso, moderno, antiguo y caro, todo tiene ese aura, desde los oleos que misteriosamente asoman su inusual calidad en las paredes de ladrillo visto, hasta la monumental pantalla plana que adosada a una mac, enceguece con las fotos que momentos antes estaban atesoradas en un chip mínimo.
Serena baila, Serena se mueve, la cámara la ama irremediablemente, Capurro con una sonrisa franca va ágilmente captando la sinuosa y algo excesiva personalidad de Serena. Baila, se desnuda, hábilmente seduce la lente y es inevitable, hasta las paredes parecen inclinarse en un sutil e imposible ángulo.
Baila, se menea, exhibe, sorprende y la música, exquisitamente elegida por Roberto, modula el momento para que se transforme en una experiencia inolvidable, el ritmo, la cadencia, la perfecta sincronicidad que exhibe el fotografo, la bondad de su sonrisa facil, su mechon gracioso elevado un poco mas cuando dispara sin cesar, pero con la pausa justa como para captar esos momentos de pura gloria que las mujeres calientes y erotizadas por la camara pueden dar.
Va mi homenaje a Capurro, un tipo agradable, de elegante calidez y evidente ojo profesional.
VG
Es responsable también, de capturar con su hábil ojo, el instante en que se deja la grasada y se pasa a la elegancia, asi, de un toque fugaz que su sabia maquina capta instantanea, poderosa y masculina, no se confundan, porque es absolutamente masculina, no solo por su ingente contorno, ineludiblemente fálico, sino porque se colige que el resultado está diseñado también para gustar al publico femenino que seguramente desliza su mirada curiosa en las paginas de Area.
Como algunos saben, me une una incipiente amistad con Serena, amistad basada en una confianza que primeramente se desarrollo en lo profesional, raudamente eventrada a los planos mas personales y oscuros, que me llevaron a sospechar una afición encubierta solo con un breve barniz de pulcra negación, me llevaron a sospechar que esa misma afición podría ser muy bien canalizada en su propio provecho, casi como una salvación, casi como un triunfal retorno a su mas profundo e intrínseco yo.
Por eso, sigilosamente, me aproveche de esa confianza para beneficiarme yo, en algo, ya que mi reciente actividad de recomendador amateur, completamente ad honorem, inclusive desprovisto de derecho a roce gratuito o con descuento, probablemente por una decisión personal mía, para salvaguardar mi alma, mi inocencia y mi candor. No es a esta altura de mi vida que se me va a dar por ochocuarentear ni aprovecharme de nadie. Bastante tengo con mi labor diaria de abogado, bastantes concesiones a la cruda realidad uno debe realizar, meramente por el hecho de que uno no siempre puede estar del lado al que le asiste ni la razón ni la verdad, esto es incontrovertible, pues el abogado que clama estar siempre en posesión de tales preciado valores, mas allá de la declamación abstracta que es, evidentemente miente, pero es una cuestión necesaria para la administración de justicia, como para equilibrar la cosa.
Como relataba, sigilosamente me aproveche de esa relación y me autoinvité, hábilmente, debo confesar, a la sesión de fotos que el insigne Capurro realizaría con mi amiga.
Llegó cargada de bártulos, zalgoloteantes bolsos llenos de zapatos, ropa interior, vestidos, juguetes y cuanta cosa nuestra imaginería fetichista concibe.
Bártulos, estos, generalmente aportados por la vestuarista,
Esplendida, brillosa, la sonrisa fácil y el paso ágil y decidido, desprejuiciada y con hambre de cámara, sube las escaleras que conducen al piso, moderno, antiguo y caro, todo tiene ese aura, desde los oleos que misteriosamente asoman su inusual calidad en las paredes de ladrillo visto, hasta la monumental pantalla plana que adosada a una mac, enceguece con las fotos que momentos antes estaban atesoradas en un chip mínimo.
Serena baila, Serena se mueve, la cámara la ama irremediablemente, Capurro con una sonrisa franca va ágilmente captando la sinuosa y algo excesiva personalidad de Serena. Baila, se desnuda, hábilmente seduce la lente y es inevitable, hasta las paredes parecen inclinarse en un sutil e imposible ángulo.
Baila, se menea, exhibe, sorprende y la música, exquisitamente elegida por Roberto, modula el momento para que se transforme en una experiencia inolvidable, el ritmo, la cadencia, la perfecta sincronicidad que exhibe el fotografo, la bondad de su sonrisa facil, su mechon gracioso elevado un poco mas cuando dispara sin cesar, pero con la pausa justa como para captar esos momentos de pura gloria que las mujeres calientes y erotizadas por la camara pueden dar.
Va mi homenaje a Capurro, un tipo agradable, de elegante calidez y evidente ojo profesional.
VG